San La Muerte: ¿Ángel o demonio?

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No es reconocido por la Iglesia pero aún así la cantidad de devotos sigue en aumento, no sólo en el país sino también en toda latinoamérica.

San La Muerte ya forma parte del que bien se podría calificar como un “santoral paralelo” en la Argentina. Una “deidad popular”, fuertemente asentada en las provincias del litoral, pero que aparece replicada en el resto del territorio y extendida por toda Latinoamérica. Hay varios posibles orígenes para la devoción entre los argentinos. En cambio en México es un culto directamente vinculado a Mictlantecuhtli, el dios de la muerte. Suele representarse con un cuerpo putrefacto, una cabeza casi calavérica, adornada con campanas y collares de huesos y plumas. En otras partes del continente, como Colombia o Venezuela, atribuyen el surgimiento de la veneración a cultos proveniente de África. Otros lo ubican en el Brasil profundo como punto de inicio, y con un marcado crecimiento en la zona fronteriza con la Mesopotamia. Quizá todos hayan confluido para alcanzar esa estatura actual, inocultable, temerosa, que es la veneración a la misma muerte.

Aclaración necesaria

Muchas veces el supuesto culto a San La Muerte esconde la actividad de grupos sectarios, satanistas o delincuentes. Pero no todos lo son. Por esa razón es muy importante, una vez concluida la lectura del presente texto, que el lector se enfoque en algunos puntos dedicados directamente a esta veneración. Es necesario, y una marcada muestra de responsabilidad, el brindar las herramientas suficientes que permitan tomar una postura frente al tema.

Qué se le ofrenda

A todos los santos, sus fieles le realizan diferentes ofrendas. En el caso de San La Muerte, los seguidores le entregan a la imagen una variada gama de ofrendas, como cigarros, manzanas, dulces, pan, licor, y otros productos de esa naturaleza. Eso sí: lo que nunca debe faltar, aseguran sus devotos, es un vaso con agua, junto a una vela encendida y un pan. Los días de “celebración” son el 2 de noviembre y el aniversario de su llegada a cada casa. Los creyentes de este santo pagano lo consideran una ayuda invaluable en los problemas familiares, pero también en casos de desempleo, envidias, enemistades, cuestiones de salud, amor o cualquier otro problema. Incluso, aseguran que la Santísima, como la llaman, avisa oportunamente a sus devotos para que eviten accidentes, robos o cualquier otro imprevisto que atente contra la integridad del creyente.


¿Veneración de moda?

La adoración a este “santo” no reconocido por las autoridades del Vaticano parece estar de moda. Desde México hasta la Mesopotamia se realizan concurridos festivales que son brindados al mundo por los medios de comunicación masiva. En las santerías de todo el continente se puede encontrar todo tipo de imágenes y objetos esotéricos para realizar los supuestos “rituales” que veneran a San La Muerte.

Levantó la guardia

Ante semejante avance, la iglesia católica ha puesto en alerta a muchos de sus fieles -con órdenes precisas y directas del Sumo Pontífice, el papa Francisco-, porque algunas personas consideran a la llamada “huesuda” como si fuese un santo más, digno de estar en sus altares. En ese contexto, desde las instituciones eclesiásticas dependientes de Roma advierten que la muerte no es otra cosa que la cesación o el término de la vida. Y sustenta la explicación en que es sólo un proceso biológico que ocurre cuando las funciones vitales cesan y se da la pérdida irreversible de actividad cerebral. San La Muerte no puede ayudar a nadie, sencillamente porque no existe. No es un ser persona, es un proceso natural que nos va a ocurrir a todos.

De todas maneras, muchos adoradores de este santo apócrifo acentúan, como contrapartida del pensamiento eclesiástico, que ese proceso se encarna en este “santo” para aliviar males de muchos y prestar ayuda a quienes lo necesitan. Discutible, desde todo punto de vista. Pero la elección es de cada uno.

El Litoral y los jesuitas

Según la leyenda, la tribu de los indios Guacaras vivian en lo que es hoy la localidad de Santa Ana de los Guacaras, ubicada a unos 20 kilómetros de la actual ciudad de Corrientes, capital de la provincia homónima. La misma historia indica que cuando fueron expulsados del lugar por los primeros europeos llegados a la región, los nativos tomaron de la iglesia diversos objetos. Entre ellos, un tríptico, una pintura sobre tres trozos u hojas de madera, que se plegaban sobre si misma. En la imagen aparecía representada la Tentación de Jesús en el Pináculo del templo de Salomón. Los personajes que estaban en esta obra eran Jesús, el diablo y la muerte.

El relato de los historiadores coincide en que se repartieron cada una de las imágenes de madera tallada y se fueron. Cada uno por su lado, le siguió rindiendo culto pidiéndole protección y todas las gracias que necesitaban a cada una de las tres imágenes. Esto dio origen al culto a “San diablo”, a Jesús, que no sufrió demasiadas transformaciones, mientras que la tercera imagen dio inicio al culto de San La Muerte, que décadas pasadas comenzó a reflotarse.

¿Médico brujo?

Otra historia se ubica en los esteros del Iberá, siempre en Corrientes. Habría ocurrido hace aproximadamente 150 años en una prisión que existía en la zona. Dicen que en el pueblo vivía un médico brujo, conocido en la zona como Paye, en idioma guaraní. Algunos memoriosos de las historia de aquellos tiempos aseguraban que este chamán local no era otra cosa más que un monje franciscano o jesuita que se había salvado cuando fueron expulsados de la Argentina, y que vivía en la clandestinidad absoluta ayudando a los necesitados.

Paye era conocido por sus curaciones a muchos enfermos con la administración de yuyos, brebajes, curaciones de palabra, oraciones y por un agua milagrosa que les daba a los insanos. Ayudaba a los leprosos y los acompañaba en su último aliento. Los relatos indican que los sacerdotes cristianos que llegaron a la región no veían con buenos ojos la actividad de este “brujo” y lograron que fuese detenido en las celdas destinadas a los leprosos. La leyenda asegura que no opuso resistencia alguna. En protesta inició un ayuno de pie, apoyado en su bastón largo de madera y en esa posición terminó muriendo días después. Luego de un tiempo, según el mito, un guardia abrió la puerta de su celda y lo encontró de pie, con su túnica negra, apoyado en el bastón y con sus carnes consumidas, dejándolo solo un esqueleto cubierto por la piel.

El “tumbero”

El término “tumbero” es una referencia reciente, que está directamente relacionado con las cárceles y pertenece a un nuevo tipo de lunfardo muy utilizado en la actualidad. Y justamente es ahí, en “la tumba” que muchos conocieron a “San La Muerte”. Y, una vez que esos presos salen libres, los delincuentes suelen invocarla antes de cometer un robo o crimen, a modo de “protección”. Muchos se lo tatúan y hasta se animan a incrustarse en el cuerpo pequeñas imágenes para protegerse de puñaladas y balas. Todo dentro de un misticismo imposible de probar.

La conexión con Gauchito Gil

Cuenta la historia que cuando fueron a fusilar a Mamerto Antonio Gil Nuñez, hoy conocidos por todos como el Gauchito Gil, fue algo bastante complicado. El relato popular asegura que el hombre estaba protegido por San La Muerte y que tenía una imagen suya en el cuerpo. Es común ver ambos altares juntos en las rutas.

Es “Santa” en México

La visión de San La Muerte en México es muy diferente de la que sucede en Argentina. En aquel país ha resurgido en los últimos años la adoración a “la señora”, como ellos mismo le dicen. En tierras aztecas, aseguran que en el siglo XIX, sin llegar nunca a precisar la fecha exacta, la Santa Muerte -como se la denomina allí- se le apareció en una visión a un brujo chamán del pueblo de Orizaba, en Veracruz. Según esa versión, la Santa Muerte le ordenó a aquel chamán que difundiera su culto. A cambio, “ella” se comprometió a auxiliar grandemente a quien acudiera en búsqueda de ayuda. A partir de entonces, su culto se ha difundido tanto que es muy fácil encontrar comunidades en Internet que propagan esta devoción.

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