Las costumbres sexuales de los antiguos egipcios que hoy provocarían escándalo

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La milenaria civilización egipcia entendió y practicó el sexo desde una visión natural y pragmática.

La civilización egipcia se desarrolló durante más de 3000 años a lo largo del cauce medio y bajo del río Nilo, alcanzando tres épocas de esplendor faraónico en los periodos denominados Imperio Antiguo, Imperio Medio, e Imperio Nuevo, hasta ser definitivamente conquistada y absorbida por el Imperio romano.

Si bien los antiguos egipcios dejaron un enorme legado cultural que incluía el arte escultórico y pictórico, la escritura (Jeroglíficos) y aportes en campos como la medicina, matemáticas, ingeniería y arquitectura, con el desarrollo de la topografía y revolucionarias técnicas de construcción que facilitaron el levantamiento de monumentales pirámides, templos y obeliscos, también fueron una civilización que entendió y practicó el sexo desde una visión natural y pragmática, partiendo desde sus mismas creencias y mitos religiosos.

Los egipcios creían que después que el dios Osiris -deidad de la resurrección, los muertos, la vegetación y la agricultura, y a la vez símbolo de la fertilidad y regeneración del río Nilo- fuera asesinado y descuartizado por su hermano Seth (deidad de la fuerza bruta, el caos, la sequía y el desierto), su esposa y su hija viajaron alrededor del mundo recolectando todos los pedazos de su cuerpo. Pero, al no encontrar sus genitales, su esposa los esculpió un arcilla y lo devolvió a la vida.

Otro mito recurrente para los egipcios fue el valor sagrado del semen. Los egipcios creían que el dios Atum (“El perfecto” o “El que existe por sí mismo”, que fue representado como hombre, portando la corona Doble, o como hombre viejo barbado y señor universal) se había formado de la nada, tras lo cual, de su semilla nacieron sus dos hijos: Shu, dios del aire atmosférico y de la luz, y Tefnut, diosa de la humedad. Ambos, a poco de ser expulsados y ya completamente formados, se unieron de forma natural y engendraron a Nut, la bóveda celeste, y Geb, dios de la tierra.

Por ello, los egipcios consideraban el flujo del río Nilo como parte del clímax de Atum y creían que también el faraón, el monarca absoluto de Egipto, debía contribuir a mantener vivo el río. De ese modo, el faraón encabezaba cada año una ceremonia en conmemoración al acto del dios en la orilla del Nilo.

Debido a que los faraones fueron considerados seres casi divinos durante las primeras dinastías y eran identificados con el dios Horus, los faraones permitían el matrimonio entre hermanos y, en algunos casos, también entre padre e hija, con el fin de preservar la pureza del linaje real. El incesto, de ese modo, estaba permitido entre los monarcas, mientras que la circuncisión, práctica adoptada posteriormente por los judíos, tenía un carácter ritual en la ceremonia de iniciación a la adolescencia. Muchos egiptólogos creen que era una etapa que un niño debía superar si quería pasar a la edad adulta. Los antiguos egipcios, de hecho, repudiaban a los pueblos extranjeros que no practicaban la circuncisión y los consideraban sucios, lo que ha llevado a creer que quizás fuese una práctica médica a la par que religiosa.

El caluroso clima de Egipto, por otro lado, obligaba a que la ropa fuera ligera, por lo que sus habitantes a primera vista parecía que andaban desnudos. No obstante, los egipcios no toleraban a las personas que se dejaban dominar por las bajas pasiones sexuales. De ahí que a los violadores, los seres humanos que actuaban como animales sin poder contener sus impulsos más básicos, les estaba reservada una pena drástica: la castración.

Al referirse al sexo en el Antiguo Egipto, es ineludible referirse al célebre papiro erótico de Turín (1279-1213 a.C.), considerado por algunos como la primera revista pornográfica antigua y que fue encontrado por primera vez en Deir el, en una de las márgenes del río Nilo, muy cerca de Luxor. Se trata de un rollo de aproximadamente 260 centímetros de largo por 25 de ancho que mostraba en su desgastada superficie explícitas estampas de 12 relaciones sexuales, incluyendo el sexo oral y anal, donde aparecen encumbrados integrantes de la corte, sacerdotes y altos funcionarios manteniendo relaciones con mujeres.

La mujer, en el Antiguo Egipto, gozaba de una notable independencia en comparación con otras civilizaciones antiguas, pues no se encontraba bajo la dependencia legal del marido y no sufría presiones por llegar virgen al matrimonio. Los enlaces tenían lugar a una edad muy temprana, ya que las adolescentes solían casarse con catorce años y los varones con dieciséis. Bastaba con que la pareja viviera junta para que empezara el matrimonio. No había ceremonia de casamiento ni los enlaces eran sancionados por alguna autoridad, aunque sí se realizaba un contrato sobre la futura crianza y custodia de los hijos.

El objeto del matrimonio era reproductivo, por lo que la infertilidad era motivo de divorcio. La poligamia estaba permitida, aunque no era frecuente, salvo entre las clases dirigentes que, respetando la posición de la esposa en el entorno familiar, mantenían varias concubinas. Se cuenta que el Faraón Ramsés II, por ejemplo, al momento de su muerte, a la edad de 91 años, había sido padre de más de 100 hijos después de haber tenido más de 20 reinas y una multitud de concubinas.


En cuanto a la celebración de orgías sexuales, éstas por lo general se relacionaban con ceremonias religiosas vinculadas con los ritos de la fertilidad. El historiador griego Heródoto, por ejemplo, describió así una de las orgías celebradas en nombre de la diosa felina Sejmet Bastet en la ciudad de Bubastis: “Las barcas, llenas de hombres y mujeres, flotaron cauce abajo por el Nilo: Los hombres tocaban flautas de loto, las mujeres címbalos y los panderos, y quien no tenía ningún instrumento acompañaba la música con palmas y danzas. Bebían mucho y tenían relaciones sexuales. Esto era sí mientras estaban en el río; cuando llegaban a una ciudad los peregrinos desembarcaron y las mujeres cantaban, imitando a las de esa ciudad”.

En el Antiguo Egipto las prostitutas eran conocidas bajo el nombre poco sutil de “Kat Tahut” (“Kat” significaba literalmente “vulva” y “Tahut” probablemente “prostituta”). Estas mujeres, por lo general, ejercían la profesión más antigua del mundo en las denominadas casas de cerveza, donde residían atractivas y jóvenes mujeres que se identificaban con llamativas pelucas, perfumes y pintalabios.

El estudio de documentos como el mencionado Papiro Erótico de Turín parece sugerir que estas trabajadoras del sexo eran, además de expertas practicantes de las artes sexuales y amatorias, bailarinas y músicas. También eran muy conocidas las felatrices, prostitutas especializadas en las felaciones y quienes se distinguían de sus compañeros de oficio por el color rojo intenso de sus labios. Sin embargo, desde el punto de vista religioso, las prostitutas eran consideradas mujeres impuras y estaban estigmatizadas socialmente.

Un primer testimonio sobre la prostitución en el Antiguo Egipto antes del Reino Nuevo lo ofrece el mencionado historiador griego Heródoto, quien relató que el faraón Keops (2570 a.C.), decidido a construir su gran pirámide, no dudó en explotar a todo su pueblo hasta límites extremos, llegando incluso a obligar a su hija a prostituirse para recaudar fondos: “Keops llegó a tal grado de maldad, que viéndose falto de dinero, colocó a su propia hija en un burdel y le ordenó que se hiciese con una cantidad”.

Según cuenta el mismo Heródoto, la hija de Keops decidió pedir además un bloque de piedra tras cada encuentro sexual, con lo que se aseguró la construcción de una pirámide de 50 metros de base y 30 metros de altura.


El arte egipcio reflejó a cabalidad la importancia y significado que el sexo tenía para los habitantes que vivían en las inmediaciones y márgenes del río Nilo. Se han encontrado numerosas vasijas y amuletos fálicos (itífalos) que representan figuras que poseen un miembro viril de proporciones descomunales, que es sostenido por uno o más personajes subalternos o por su compañera. Además de las representaciones tradicionales de coito, también se han encontrado contadas piezas que representan casos de zoofilia, en los que el animal ocupa siempre el rol masculino y la mujer, el humano, lo cual no resulta particularmente extraño ya que los propios dioses del panteón egipcio eran representados con rasgos animales.

Según el Papiro de Ebers, redactado en el antiguo Egipto, cerca del año 1500 antes de nuestra era, durante el año 8.º del reinado de Amenhotep I (dinastía XVIII), hay constancia de que la necrofilia –la práctica del sexo con los muertos- no estaba gravemente censurada. Según este documento, los sacerdotes y embalsamadores solían cometer estas prácticas, sobre todo si los cadáveres correspondían a jóvenes mujeres. Por ese motivo, durante muchos embalsamamientos, se acostumbró a poner un “guardia” para que vigilara en todo momento el cuerpo. Algunas familias, sobre todo si el muerto o muerta era una persona joven, solía conservar de hecho el cadáver en el hogar durante unos días para que la putrefacción impidiese que el cuerpo fuese posteriormente mancillado.

Si bien la familia nuclear (padre, madre e hijos) era el centro de la vida en el antiguo Egipto y los hijos eran considerados una bendición (por lo que los matrimonios siempre querían tener el máximo número de vástagos posibles), también existían ciertas prácticas para evitar el embarazo, como el coitus interruptus, los lavados vaginales tras el coito y la utilización desde el siglo XVI a.C. de la resina de la acacia, sustancia que tenía supuestas cualidades espermicidas.

La homosexualidad en el Antiguo Egipto no parece haber sido repudiada, aunque para los egipcios la sodomización era un acto humillante y se le conocía con el nombre de “ejercer de hombre guerrero”, pues en muchos casos tras vencer al enemigo, los soldados derrotados eran sodomizados por los soldados vencedores. De esta forma humillaban al enemigo y les impedían la entrada al Más Allá.

La civilización egipcia, además de su monumental legado artístico, arquitectónico, matemático y científico, también creó los primeros artículos personales de uso sexual.

Fuente: guioteca

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