La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood: adicciones, abusos y muertes prematuras

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Jackie Coogan, Shirley Temple, Judy Garland, Mickey Rooney, Jodie Foster, Gary Coleman, River Phoenix, Natalie Wood, Drew Barrymore, Tatum O´Neal, Macalauy Culkin y muchísimos más. La máxima dice que no se debe actuar ni con animales ni con niños, que ellos se robarán la escena. Por lo general es así. Sin embargo, muchos de ellos, la gran mayoría tienen destinos trágicos, sufren abusos sexuales, finales abruptos, muertes tempranas, problemas con la justicia, múltiples internaciones en rehabilitación. El problema de los chicos en el mundo del espectáculo está lejos de haber encontrado una solución. Por eso se le llama: La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood.

El tema lo actualiza el muy buen documental que esta semana estrenó HBO. Showbiz Kids dirigida por Alex Winter se interna en la vida de algunos de estos actores juveniles. Desde Diana Serra Cary que empezó a actuar en 1920 cuando tenía dos años y llegó a ser “La nena del millón de dólares”, en referencia a su facturación anual (su carrera terminó a los 7 cuando su padre pidió participación a los productores: la reemplazaron fácil) a Evan Rachel Wood (una de las pocas que pudo hacer carrera de grande), de Henry Thomas al recientemente fallecido Cameron Boyce.

todas las páginas.

El cronograma de adquisición de vicios de Drew Barrymore es espeluznante 

A las 9 fumó por primera vez, empezó a tomar a los 11, a los 12 se inició en la marihuana y probó cocaína a los 13. Un año después tuvo un intento de suicidio y entró a rehabilitación.

Drew Barrymore es uno de los pocos casos en que luego de un éxito precoz y caer en excesos, se recuperó y retornó al estrellato. La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood

Drew comenzó muy chica en pantalla. Todo explotó cuando tenía 6 años con su papel en E.T. Michael Thomas, su compañero de elenco cuenta que el primer día en el set Drew se le acercó y le preguntó en cuántas películas había actuado. El chico respondió que esa era la segunda. “Uy pobre, yo voy por la quinta”.

Luego de muchos años oscuros, Drew Barrymore se convirtió en una excepción. No sólo se pudo librar de las adicciones sino que logró forjar una carrera como actriz y convertirse en una estrella. Un comeback impensado y extraordinario.

Henry Thomas tenía 11 años cuando llegó al casting de E.T. En realidad no llegó, lo fueron a buscar. Spielberg ya tenía cerrado el resto del elenco pero no lograba encontrar al protagónico. El papel era exigente y en esa relación entre el chico y el extraterrestre se jugaba el destino del film. El director de la película Raggedy Man lo recomendó.

La audición puede verse en You Tube

Un primer plano de Henry con una remera naranja con cuello blanco. Escucha atento las indicaciones de Spielberg. Va a pasar la escena en el que un oficial de la NASA le cuenta que se van a llevar a ET y él le dice que eso no puede ser, que es suyo, que es su amigo. Debe tratarse de una de las pruebas de casting más extraordinarias y conmovedoras de la historia. El chico se enoja, sufre, traga con dificultad, las lágrimas inundan sus ojos y luego caen al piso casi sin rozar su cara, paralelas a sus mejillas. No hay ni un exceso, ni impostación. Emoción genuina, talento natural. Apenas termina el diálogo se escucha la voz de Spielberg: “Nene, el trabajo es tuyo”.

El casting de Henry Thomas para E.T.

Henry logró seguir en el mundo del cine con una carrera sin grandes éxitos ni reconocimientos posteriores pero sí apacible. No se conocieron mayores desequilibrios aunque el año pasado fue detenido en Washington por manejar alcoholizado. Y así obtuvo, finalmente, más de treinta años después de su suceso, la imagen que es un clásico entre los actores niños y adolescentes una vez que crecen. La foto de frente y perfil, con el gesto desmejorado y los números de identificación en la base. La foto policial tras un arresto.Todos parecen tenerla.

Los chicos se convierten en la tabla de salvación de padres ambiciosos. En ellos está puesta la expectativa (y muchas veces las frustraciones parentales). Son el boleto de ida hacia la fama, el dinero, hacia una gloria ajena y desteñida pero, al menos, cercana.

En el éxito precoz de estos niños hay algo que prefigura su fracaso futuro

Al público no le gustan los cambios. Quieren que siempre sigan siendo los que eran cuando los vieron por primera vez. Lo que los condena es crecer. Deben ser chicos para siempre.

El documental abre con una leyenda impresa, corta e impactante, un epígrafe perfecto para ilustrar su tema: “Por año, 20.000 niños se presentan a audiciones en Hollywood. El 95% no consigue ningún papel”.

La presión es enorme. Llegar, abrirse paso entre otros miles que buscan lo mismo, responder a las expectativas de los padres primeros, después a las del público y la prensa. Recibir una atención desmedida. Tener algo que, quizá, nunca se animaron a soñar. Pero, al mismo tiempo, no tener lo que todos tienen: una vida normal.

Henry Thomas, el niño de E.T. La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood. Shutterstock

Ya nadie, ni siquiera su familia, reacciona con ellos de la misma manera. La normalidad es un concepto ausente, se fracturó, explotó en mil pedazos y aunque la atención pública morigere, aunque el cine no los contrate nunca más en la vida, eso que quedó triturado, que se perdió, es irrecuperable. El peso se multiplica porque encima deben vivir con la nostalgia sobre sus hombros. Aún cuando a muchos les falte todavía para cumplir los 20 años.

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La primera de estas súper estrellas infantiles fue Jackie Coogan

El Pibe de Chaplin. Hizo ese papel en 1921 cuando tenía 7 años. Durante unos largos años protagonizó varias películas exitosas cobrando importantes honorarios. Fue el primer actor infantil en participar en publicidades y tener una especie de precario merchandising propio. Era una pequeña máquina de facturar.

Pero su historia, la de este pionero, parece resumir la mayoría de las desgracias que aquejaron a todos los que lo siguieron en el mundo del espectáculo. Tres de ellas, de las más usuales, las padeció en carne propia. Un escándalo con muerte, ser víctima de una estafa y la lucha inútil por recuperar el éxito. Volviendo de una jornada de caza, el auto que manejaba el padre de Coogan tuvo un accidente en el que murieron todos los ocupantes del vehículo menos Coogan: su padre, Junior Durkin (una joven estrella) y otro actor y guionista. Jackie fue el único sobreviviente.

Jackie Coogan fue El Pibe de Chaplin. Hizo ese papel en 1921 cuando tenía 7 años. La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood

Poco después, cumplió la mayoría de edad y quiso disponer de los fondos ganados en su carrera. Había cosechado hasta el momento casi 4 millones de dólares (poco menos que 50 millones de la actualidad). Pero, como anticipando el destino de muchos de los niños actores que le siguieron, la cuenta estaba vacía. Su madre y su padrastro lo habían esquilmado. Casi nada le quedaba. La pareja había comprado tapados de piel, joyas, autos y había viajado por el mundo. El argumento de defensa de la madre: “Para él era como un juego, se divertía ante la cámara; nunca lo vivió como un trabajo. Además, nunca nadie dijo que la plata sería para él. No tiene nada que reclamar”.

Luego de un largo juicio, Coogan obtuvo una sentencia favorable para la plata se había esfumado

Sólo pudo quedarse con 125.000 dólares. Esto provocó que se promulgara la Ley Coogan, una norma que regula la actuación infantil. A partir de esta ley los productores están obligados a depositar un 15% del valor del contrato en un fideicomiso en nombre del niño del que podrá hacer uso tras la mayoría de edad. También se estipularon la obligatoriedad de continuar con el colegio, horarios de trabajo y otras cuestiones. Sin embargo, Coogan no pudo escapar a la otra ley que Hollywood le impone a los niños actores: su carrera se perdió en la medianía pese a sus reiterados intentos. Ya no era el Pibe. Ya no tuvo gran éxito. Volvió, sí, como el Tío Lucas de Los Locos Addams. Un reconocimiento tardío.

Jackier Coogan en Los Locos Addams, junto a Carolyn Jones. La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood. Shutterstock

El papel de los padres. La presión, empujar para que los chicos ganen la carrera. La fascinación por el mundo del espectáculo que nubla hasta las decisiones más elementales. La fractura en la relación con los hijos. El itinerario se suele repetir. Y los hijos terminan iniciándoles juicio para intentar recuperar lo ganado en su carrera.

Chicos y chicas que crecen frente al público. No sólo ganan centímetros. Les cambia la voz, le crecen los pechos o les sale barba. Muchos dan su primer beso en cámara. El mundo entero es testigo de su primer acercamiento amoroso a otra persona. 

Will Weathon, uno de los actores de Cuenta Conmigo (Stand By Me) tiene un buen presente

Luego de varios papeles en películas y series cambió de rubro. Ahora triunfa con la escritura. Tal vez por eso, por haberse despojado del peso de seguir triunfando en el cine, su mirada es más lúcida y descarnada que la de otros. Su madre había querido ser cantante o actriz pero su familia se opuso. A ella le pareció normal empujar a su hijo hacia Hollywood, aunque se haya olvidado preguntarle qué era lo que deseaba.

“Los adultos me decían ‘Esto es un sueño’. Y me empujaban, y me empujaban a lugares en los que no me sentía bien, que me asustaban” dijo Will Weathon.

Otros de los chicos protagonistas de Cuenta Conmigo

La maravillosa película de Rob Reiner tuvo un final trágico y prematuro. River Phoenix, la gran esperanza de la actuación de los noventa, sucumbió en la puerta de The Viper Room, el club nocturno angelino propiedad de Johnny Depp. Todavía circula el audio de la llamada de su hermano menor, Joaquin, al servicio de emergencias. Una sobredosis acabó con él cuando tenía 23 años.

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El otro de ese elenco que tampoco pudo lidiar con el éxito fue Corey Feldman. Tuvo una racha de películas imbatibles: Gremlins, The Goonies, Cuenta Conmigo. Parecía que nada podía detenerlo. Luego vino la unión con el otro Corey, Corey Haim. Pasaron a ser conocidos como los Dos Coreys. De allí en adelante todo fue cuesta abajo. La adolescencia atentó contra sus papeles. El dinero y la falta de consejo lo llevaron tomar una decisión mala tras otro. Y una carrera que parecía indestructible se pulverizó en pocos años. El otro, Corey Haim, luego de años de excesos, murió antes de cumplir los treinta.

La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood
Corey Feldman. La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood

Luego de un gran éxito, generalmente mal aconsejados por padres demasiado ambiciosos, suele repetirse una circunstancia. Eligen malos proyectos pero con una buena paga. La duda que se genera es si lo que hace decaer sus carreras es pensar en el corto plazo sin perspectiva a futuro. O si esa caída es inevitable, y la decisión de facturar la mayor cantidad posible en el menor tiempo posible no termina siendo un acto de sensatez.

Cuando están en la cima reciben todo tipo de atención y de beneficios. Pero un día “todo eso se va. Y no sabés que hacer. Terminás en un reality show rogando que alguien te mire”, dice Will Wheaton en Showbiz Kids.

Pese al éxito, los millones, las revistas y los fans, hay un momento en que los chicos actores quieren otra cosa

Desean lo mismo que tiene el resto. Ser normales. Una vida sin ser mirados, ir a la escuela, tener relaciones simétricas de amistad, tiempo libre, jugar, reír gratis.

Pasados los años, una vez ya adultos, los actores repiten una frase. Sostienen que los productores, los agentes, sus familias empujaron demasiado sus límites. Todos repiten la misma expresión Pushing your boundaries. Les piden cada vez más. Deben lidiar con asuntos y presiones que no se corresponden con su edad. E, inevitablemente, terminan rotos.

Tan sólo unas décadas atrás era usual además sexualizar a las nenas. Natalie Wood, Milla Jovovich, Brooke Shields, Sue Lyon en la primera Lolita, Natalie Portman son algunos de los ejemplos más evidentes. Nenas de entre 11 y 14 años convertidas en símbolos sexuales y sometidas a situaciones absolutamente inadecuadas.

La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood
Macaulay Culkin, el astro de Mi pobre angelito

Macaulay Culkin se convirtió en el niño actor más conocido de su tiempo

El fenomenal suceso de Mi Pobre Angelito lo convirtió en un ícono mundial. La amistad con Michael Jackson. Y otra vez las sospechas de abusos. O el juicio contra sus padres. Una vez más la incomodidad (o la imposibilidad) de crecer ante los ojos del mundo.

Todos los adolescentes buscan un camino, dudan, se equivocan. En esa deriva crecen y aprenden. Pero muy diferente es hacerlo en público, sometido a presiones, con contratos pendientes.

El otro gran problema de la situación de los chicos en la industria es el de los abusos sexuales. Repetidos, naturalizados y callados, la gran mayoría de ellos tuvieron que atravesar por ellos. Sin diferencia de sexo. Varones y mujeres que ante el desamparo de ese mundo voraz sufren abusos de diferente tipo.

La maldición de los niños y adolescentes de Hollywood
Todd Bridges, Gary Coleman y Dana Plato, los chicos de Blanco y Negro, tuvieron grandes problemas de adaptación tras la serie. Coleman y Plato pagaron con su vida.

Se suele hablar de la maldición de la serie Blanco y Negro

Sus tres protagonistas tuvieron serios problemas. Dos de ellos murieron jóvenes. El tercero, Todd Bridges, atravesó adicciones y cometió delitos varios. Gary Coleman luchó contra la enfermedad y contra el olvido. Dana Plato se quebró y la adicción la atrapó, y la empujó al abismo. Ella fue otra que murió de sobredosis. Pero lo de Blanco y Negro no se trató de una maldición. Fue, tan solo, la prueba de lo que suele ocurrir con los chicos puestos a actuar, puestos a vivir una vida de grandes con la que inevitablemente no pueden lidiar solos.

Los casos son muchos más. La lista es (casi) interminable. Sin embargo los mencionados aquí, en algún punto, son las excepciones. Son los que llegaron; un mínimo porcentaje de los que quieren ingresar. Porque la mayoría, la regla general, es la frustración. Ni siquiera conseguirlo una vez, no superar ni un casting. Niños y niñas que deben convivir con los rechazos, el malhumor, la decepción.

Gentileza de: https://www.infobae.com/

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