Emancipada a los 14, novia de Brad Pitt a los 17, candidata al Oscar a los 18, descenso a los infiernos a los 22: la vida de Juliette Lewis

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La muchacha que saltó a la fama en Cabo de Miedo y que estuvo en la Argentina solo un día tiene un pasado digno de ser contado. Perfil de una actriz que prefirió ser ella y no lo que querían de ella.

Juliette Lewis filmó casi 50 películas, participó en 17 series de televisión, y editó cuatro discos con su banda. Además, trabajó con los más grandes actores y directores de la industria, desde Martin Scorsese y Quentin Tarantino a Meryl Streep, Julia Roberts y Shirley MacLaine, entre otros (Foto: Getty Images)

Pocas actrices pueden poner en su currículum que filmaron bajo las órdenes de Scorsese, AllenStone, Tarantino y Bigelow,y que actuaron con los hombres más pintones, como son Leonardo DiCaprioBrad PittRyan Phillippe, Ewan McGregor y Johnny Depp, y encima en sus mejores años. Juliette Lewis sí puede hacerlo.

Talentosa, versátil, bella pero también rebelde, libre e inclasificable, antes de cumplir los 18 ya era candidata a un Oscar. Tuvo un noviazgo intenso con Brad Pitt y dicen que entre sus touch and go estuvieron nada más ni nada menos que Di Caprio y Depp. A ella poco le importa; al fin de cuentas, “en este negocio hay gente muy loca”, y sobre todo, porque más allá de los directores con los que trabajó y los actores a los que besó, su orgullo es otro: “Nunca fui una muñeca dócil y sumisa. A medida que me hago mayor, me preocupa menos mi propia mierda y lo único que me importa es dejar huella en la cultura y en las mujeres”.

todas las páginas.
Juliette Lewis fue la primera novia de Brad Pitt mucho antes de la existencia de
Jennifer Anistony Angelina Jolie; aquí, en 1991 (Foto: The Grosby Group)

Juliette Lewis nació en Los Ángeles el 21 de junio de 1973. Es hija de Glenis Batley, una diseñadora gráfica que trabajaba para un estudio de cine, y de Geoffrey Lewis, un actor que solía filmar y compartir cenas y escenas con Clint Eastwood. Hija de semejantes padres, para Juliette los sets de filmación eran parte de su cotidianeidad y no de sus sueños. A los seis años ya sabía que quería ser artista, a los siete hizo algunos cameos, y a los 12 protagonizó la serie Home fires.

Mientras la hija empezaba su camino, sus padres se separaban, se volvían a juntar, hasta que no se juntaron más. En dos matrimonios, don Lewis tuvo diez hijos. Cuando cumplió 14, Juliette ya contaba con su propio sueldo, así que el día que su padre le preguntó: “Cariño, qué te gustaría hacer?”, ella le contestó: “Quiero irme de casa, vivir sola”. Con sus ahorros se compró una vivienda de dos pisos en las montañas de Hollywood, donde se instaló. Si al lector esto le parece una barbaridad recuerde que estamos en el planeta Hollywood y, como dijo Lewis, “hay gente muy loca”.

En esa delgada línea entre que sus padres la dejaran libre y la dejaran sola, Juliette decidió ir por más. Ya tenía su casa, ahora quería su auto. “Una noche, con una amiga, tomamos el coche de su padre para ir a pasear por la ciudad. Teníamos 13 años. No sabíamos que había que echarle gasolina… Y nos quedamos tiradas en Rodeo Drive. Le pedí al mecánico que no le contara nada a mi padre y le entregué 1000 dólares para que tuviera la boca cerrada. Pero, cuando llegamos, papá estaba en la puerta de mi casa. ¿Cómo no se iba a dar cuenta de lo que había pasado si íbamos jugando encima de la grúa?”.

Geoffrey Lewis tuvo en total diez hijos con dos parejas; aquí,
con una Juliette de niña, en 1981 (Foto: Photoshoot, Tarzana)

Al cumplir los 15 decidió comprarse un auto para demostrar que “el sistema fallaba”. Lo logró. Tenía auto propio pero lo que no tenía era registro de conducir. Recién lo sacó a los 21 años porque la detuvieron por una infracción de tránsito.

A los 16 años tenía casa y auto; lo que no tenía era obligaciones escolares porque abandonó la secundaria tres semanas después de comenzar. Una noche de aburrimiento decidió ir a un baile clandestino. La policía hizo una redada y la muchacha terminó en un calabozo. Le tomaron la consabida foto de frente y perfil con los números de prontuario debajo. Cuando su padre fue a buscarla, el oficial no pudo menos que cholulear con el actor y le regaló la foto de su hija detenida. Lejos de esconderla, Juliette la colgó orgullosa y bien visible en su cuarto.

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En 1990, Martin Scorsese la convocó para filmar Cabo de miedo, un enrevesado thriller psicológico donde Robert De Niro es un agresivo violador y ex convicto que decide hostigar al abogado que estuvo a cargo de su defensa. Para ello se hace amigo de Danielle, su hija adolescente, interpretada por Juliette. Ambos protagonizan una de las escenas más perturbadoras e icónicas del cine. De Niro le da a lamer su pulgar y ella, bueno… ella se vuelve provocativamente inolvidable. En unos segundos, la muchachita de 18 años sin secundario ni Actors Studio emparda y hasta le gana la toma a un De Niro que para ese papel se desvió los dientes, trabajó su físico y hasta aprendió el acento de las cárceles de Luisana.

Juliette Lewis en «Cabo de miedo», de 1991

Con esa actuación, la muchacha lograría su primera –y única- candidatura a los Oscar y a los Globos de Oro.

Fue para esa época que la jovencita linda y rebelde se puso de novia con Brad Pitt. Estuvieron juntos tres años o quizá cuatro; se llevaban una década de diferencia. Filmaron juntos una película, Kalifornia, y la relación se terminó. Pero Lewis entra en la categoría “amores que nunca se olvidan”. “Todavía amo a esa mujer”, dijo Pitt a Vanity Fair en febrero de 1995. “La pasé muy bien con ella… Fue una de las mejores relaciones en las que he estado”.

Lejos de alardear de esa relación, Julietta más bien la “ningunea”. “Me sorprende que la gente sienta fascinación porque salimos en esa época. Yo era una adolescente en ese momento, ha pasado toda una vida. Todavía estaba estudiando y fue una hermosa y amorosa relación con un chico divertido e inteligente. Luego se terminó y nos volvimos increíblemente famosos”, contó recientemente. Y agregó: “La relación más significativa en mi vida, por lejos, fue mi matrimonio con Steve Berra, un increíble patinador, pero nadie quiere saber sobre eso. Tantos años después, no hay nada que pueda decir o divulgar sobre Brad Pitt que pueda resultar interesante”. Es cierto que “las mujeres no tiene pasado”, pero caramba, Juliette, si fuiste novia de Brad Pitt, sobre todo el modelo década del 90, está permitido alardear.

Con una nominación al Oscar pero sobre todo con un talento incuestionable, a Juliette le llovían propuestas de esas que encima son el combo perfecto: director ideal más guión insuperable. Woody Allen la tuvo en Maridos y esposasOliver Stone la dirigió en Asesinos por naturaleza, Kathryn Bigelow la llamó para Días extrañosLasse Hällstrom nos hizo amarla en ¿A quién ama Gilbert Grape?.

Con Pitt se conocieron filmando una película. «Por entonces contaba unos tiernos 16 años, y él 26,
pero la edad no fue un impedimento para el romance», recordó Juliette Lewis (Foto: Getty Images)

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De todos los directores guarda un buen recuerdo, excepto del creador de Pelotón. “Trabajar en Asesinos por naturaleza fue un caos. Stone es un director con un ego y un costado sádico demasiado grandes. Parecía como si estuviese dirigiendo un dibujo animado y nosotros fuésemos creaciones suyas. Cada vez que vuelvo a verla por televisión siento que todas y cada una de las tomas están mal. Me da vergüenza ajena por mí y por todos los que nos sometimos a sus dictados. Fue muy desagradable.”. Lo que se dice, una opinión demoledora y sin pelos en la lengua.

Juliette parecía haber llegado a la cima del mundo. Vaya a saber si sintió que lo tenía todo pero que en realidad no tenía nada, o si quiso correr límites o estaba aburrida, o simplemente que, como todo mortal, comprobó que “vivir cuesta vida”. La muchachita que rompía moldes cayó en el molde de tanta actriz precoz: las adicciones.

Lewis comenzó a fumar marihuana a los 13 años. Con el tiempo desarrolló un grave problema de drogas que la llevó a una temporada en un centro de desintoxicación de la Iglesia de Scientology de Florida (Foto: WireImage)

“Durante el rodaje de La fuerza del cariño: la vida continúa, toqué fondo -recuerda-: estaba hecha un desastre, totalmente aplastada por las drogas, llegaba tarde al rodaje, no entendía nada de lo que me decían, mi autoestima estaba bajo cero, totalmente apática, en muchas escenas mis ojos están completamente muertos; quería dejar por completo la profesión y convertirme en una ilustre desconocida, el cine estuvo a punto de terminar con mi vida”, contaba de aquellos años oscuros.

A mediados de los 90 ingresó en una clínica de rehabilitación para tratar su adicción a las drogas. Al salir, no encontró un camino de redención sino una ubicación de lujo en el casillero de “rebelde y conflictiva”. Para colmo la muchacha no ayudaba mucho con sus declaraciones. Contrariando todas las leyes de marketing o de autopreservación, cuando le preguntaron cómo había hecho para vencer a las drogas contestó que fue gracias a la Cienciología, el extraño y cuestionable culto.

Cuando rodó Asesinos natos, Lewis tenía 19 años: «Estaba atravesando un rito de paso nihilista, así que era la película perfecta para mí», bromea. Recuerda con mucho cariño su trabajo junto a Harrelson: «Somos como camaradas que hicieron juntos la instrucción militar»

Si a principios de los 90 a Juliette le llovían las propuestas, a comienzos del siglo XXI solo había sequía. Otra actriz se habría puesto a llorar por su pasado e insultar a su presente. Pero Juliette no era una más sino ella, y otra vez eligió ser lo que quería ser y no lo que le decían que sea. “Antes de ser actriz quería cantar. Y siempre pensé que actuar sería una actividad secundaria. Siempre pensé en los musicales. En cantar y bailar”. Lewis cambió de vida y trabajo. Se olvidó de Hollywood y se subió a una furgoneta para recorrer el mundo con tres tipos sudorosos con el deseo de convertirse en estrella de rock.

Fue con su banda de música que llegó a la Argentina por ¡un día! Era el año 2007 y cantó en una fiesta privada en el Palacio Barolo. Una crónica de esa noche describe: “Fue amor a primera vista. Chicas y chicos vips se entregaron a la propuesta, mientras la única estrella de la noche cantaba temas con títulos como ‘Purgatory Blues’‘Sticky Honey’ y ‘Hot Kiss’. Un rock garagero, adrenalínico, con pocos matices y con una vocalista dispuesta a transpirar de principio a fin. Cantó entre la gente en un pasaje del show que duró una hora, miró a varios muchachos a los ojos como si a ellos estuvieran dirigidas líneas, como “yo soy tu mujer y vos sos mi hombre”, y le exigió a otro que le gritaba “I Love You”, que se lo dijera en castellano”.

Juliette Lewis asegura que la cultura de Hollywood es opresiva. «Yo no soy parte del sistema.
Felizmente descubrí otra forma de expresión a través de la música, aunque siempre he querido actuar.
Lo que me interesa es el lado artístico. No me interesa el dinero. Los productores se inclinan por
lo seguro, por lo que vende. Yo nunca he caído en eso” (Foto: REUTERS)

En el escenario Juliette era como en su vida, una mujer indomable, que rompía con todo lo establecido y que no temía entregarse a su arte aunque eso implicara sudar, escupir, saltar y sobre todo, provocar. “Utilizo mi cuerpo para encender la llama. Así es el rock and rollA veces me corto, me tuerzo el tobillo…, cosas superficiales”.

Segura del camino elegido y con la certeza del que estuvo arriba de todo y no desea volver, hoy Lewis sigue con su música mientras alterna con trabajos en cine y televisión. Sin problemas de ego y mucho menos de cartel no le molesta ser la segunda junto a otras estrellas como Jennifer López Hilary Swank.

Los que la entrevistan aseguran que conserva la base de toda estrella: es amable, profesional y sonríe siempre, pero alcanzan con unos segundos de charla para descubrir que sigue indomable. Confiesa no sentirse parte de Hollywood (“Prefiero la naturaleza y escuchar los pájaros”), se ufana de no “tener muchos amigos en Hollywood” y realiza declaraciones donde pasa de chica inocente a -literal- mujer de armas tomar. “Me intimidan las armas, son objetos que pueden matar, así que tengo respeto por ellas, no son juguetes. Pero si me ponés una en la mano, sé usarla”.

Juliette Lewis, en febrero de 2020 (Foto: Getty Images)

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No renunció a la Cienciología y lo explica orgullosa. “Se dicen muchas tonterías sobre el tema. Para mí es una filosofía que fortalece. Una forma de conocimiento y yo soy muy espiritual. Además, es perfectamente compatible con el rock”, bromea. No le preocupa ser famosa, ya estuvo en ese lugar y no desea volver. “La fama puede ser molesta porque la gente es muy crítica con uno. No puedes simplemente decir ‘¡Hola!’ porque la gente susurra: “Hombre, ¿viste la forma en que dijo ‘Hola’? ¡Qué actitud!”.

Si es por actitud, Juliette ya puede relajarse. Porque si algo le sobra, es eso. O simplemente una capacidad única para vivir como quiere y no como los otros quieren que quiera.

Juliette Lewis, una mujer que no admite reglas

Vía Infobae.com

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