Si no tuviste alguno de estos albumes de figuritas no tuviste infancia

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Completar el álbum de figuritas del Mundial es una de las actividades más populares de estas épocas previas al campeonato de fútbol, pero no es solamente un entretenimiento. El psicólogo Nicolás Gottlieb habló con Montevideo Portal sobre los beneficios de este hobby, tanto en el desarrollo de destrezas, habilidades sociales y en los vínculos familiares.

Nicolás Gottlieb es Licenciado en Psicología y está cursando una maestría en psicología clínica en niños y adolescentes. En sus consultas más recientes tomó contacto cercano con el fenómeno del “álbum del Mundial” y los efectos psicosociales que tiene el hobby de coleccionar e intercambiar las figuritas.

En diálogo con Montevideo Portal, Gottlieb apuntó a destacar los aspectos positivos de este entretenimiento que, reconoció, “puede tener una parte no tan buena, que es que cuesta mucho dinero y es un incentivo al consumismo”, aunque “nada es bueno o malo en sí mismo, sino cómo se use”.

Hay varios aspectos en los que juntar y cambiar figuritas puede beneficiar el desarrollo de niños y adolescentes. Los primeros tienen que ver, según el psicólogo, con algunas destrezas y aprendizajes.

“Uno de ellos es el razonamiento matemático. Tienen que tener las figuritas ordenadas y son más de 600. Jugando van haciendo un proceso de ordenar de menor a mayor, de mayor a menor, o en el álbum mismo. También con el ‘tengui – falti’, van ejercitando la memoria”, apuntó.

Otro aspecto tiene que ver con la destreza motriz, que en su opinión puede estar dejándose de lado en un mundo en que los más chicos están cada vez más en contacto con dispositivos “touch” como tabletas o smartphones. “Más allá de todos los beneficios y estímulos que tienen estos aparatos, los chiquilines están todo el tiempo utilizando solamente el dedo índice y sin fuerza. Y eso puede traer problemas en la escritura, para la que necesitamos tres dedos, tres patas como un trípode, entonces a la larga pueden aparecer dificultades y la necesidad de un apoyo específico con un psicomotricista, por ejemplo. La figurita aporta algo tangible, que obliga a usar dos o tres dedos y tener una coordinación óculo-manual que tiene una cierta complejidad, que ellos van ejercitando”, dijo.

Patio de escuela

Según Gottlieb, otros efectos beneficiosos están vinculados a las habilidades sociales de los niños, por ejemplo, en el ámbito escolar.

“En el recreo, que no debería ser una pausa de su proceso de aprendizaje sino que es parte muy importante, los chiquilines se enfrentan a tener que interactuar con otros no conocidos o con los que no hablan generalmente. En el caso de los más chicos, por ejemplo, reciben a los más grandes y eso es una novedad: ver cómo me paro ante él, qué me va a proponer, etc., son cosas novedosas y herramientas importantísimas” para su desarrollo, expresó.

También hay cierto carácter “igualador” en el hecho de intercambiar figuritas. “En los recreos los chiquilines suelen interactuar siempre con los mismos y hay algunos juegos pautados: si hay fútbol, por ejemplo, casi siempre juegan los mejores y algunos quedan afuera, o se juntan por género. En este caso, yo niño me tengo que acercar a otro niño que simplemente tiene figuritas, no importa si es buen o mal deportista, travieso o no, se eliminan las etiquetas”.

Además, “da la oportunidad de conocer a otros. No quiere decir que el niño se llene de amigos, pero sí son herramientas; contactarse con gente nueva te da herramientas para luego hacer amigos. Porque todos tenemos un círculo de confort, tres o cuatro personas con la que nos hablamos, pero hablar con gente nueva, hasta para los grandes, es todo un desafío”.

Y por casa…

Por último, este hobby tiene una implicación directa con los vínculos familiares y, según Gottlieb, es una buena oportunidad para que padres e hijos pasen tiempo juntos. “Es una buena excusa para compartir ese espacio, preguntarle cuántas consiguió, acompañarlos a la casa de un primo o un amigo para que cambien, ir juntos a la feria a conseguir una que falta, o puede ser un proyecto en conjunto”, comentó.

No obstante, el psicólogo considera que ese acompañamiento no debe limitarse a proveer de una gran cantidad de figuritas a los hijos. “No veo positivo que los padres lleguen con cien sobres, hay que tomarlo como un juego y que tenga un proceso, como cuando vas a cocinar algo, que tenga su tiempo, la gracia es esperar también”, señaló.

“Lo que pasa ahora, en este mundo ‘fast’, es que los chiquilines no saben esperar y eso también es un gran problema, porque lo que lográs es que el chiquilín a la próxima se frustre, que no sepa cómo controlarse en ese tiempo de espera, porque no tiene las herramientas para lidiar con eso”, reflexionó.

“A veces es parte de esa rosca de que, como laburamos todo el día y no tenemos mucho tiempo para compartir con ellos, la culpa la sacamos con darle cien sobres, pero lo valioso es el tiempo que podemos pasar con ellos. Si un solo sobre lo abren juntos, eso es más valioso que traerle cien sobres”, concluyó.

Montevideo Portal

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