Llegaron al Mundial vendiendo su propia cerveza en motorhome

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Dos hermanos que viajamos por el mundo haciendo cerveza artesanal en nuestro motorhome adaptado para ser bar y cervecería. La próxima meta es el Mundial”. Toda una declaración de principios. Así se presenta Motorbar en la página de Facebook. Así se dan a conocer dos jóvenes argentinos que decidieron no postergar ilusiones y vivir la vida a su modo. Cumpliendo lo que para muchos es el sueño del pibe. Querer es poder. Y hacer es la mejor bandera de libertad.


Crédito: Lucas y Federico Martino

Sobre ruedas

Lucas Martino tiene 32 años. Su hermano Federico, 30. Nacieron en Mendoza, pero transcurrieron buena parte de su vida en El Bolsón, Río Negro. Paradisíaco rincón del país al que llegaron junto a sus padres y una hermana. Allí, en ese profundo valle de origen glaciar, fueron arraigando un sueño: organizar un viaje sustentable que les permitiese recorrer el mundo, incluida una escala en Rusia para presenciar el inminente Mundial de Fútbol y, simultáneamente, generar los recursos para cumplir con la travesía. El qué hacer, estaba resuelto: podrían fabricar cerveza artesanal a medida que desandaban caminos y venderla en cada sitio visitado. El oficio ya lo habían aprendido y, de hecho, en El Bolsón les iba muy bien con este emprendimiento. Ahora había que resolver el cómo.

La primera idea fue surcar ríos y bordear continentes a través del mar en un barco factoría especialmente construido. El agua y el viento reemplazarían el necesario combustible para impulsar el galeón, permitiendo un ahorro importante. Rápidamente fue descartada la moción. La edificación del navío implicaba grandes costos. Lejos de claudicar, Federico y Lucas rápidamente pensaron que un motorhome podría ser el vehículo ideal para la travesía dado que les permitiría trasladarse, oficiaría de casa rodante, tendría espacio suficiente para instalar las máquinas para la elaboración de la cerveza artesanal y hasta mutarlo en un bar ambulante. Manos a la obra. “Compramos un Bedford 300 inglés del año 1964. Durante diez meses lo remodelamos para convertirlo en fábrica, bar y en nuestra casa rodante. La cerveza artesanal la producimos nosotros mismos en eventos o dentro de la motorhome, y la vendemos para generar nuestro propios recursos y poder seguir viajando”, explica Federico. Una madre escultora ayudó con las herramientas necesarias. Y padre y hermana brindaron todo su apoyo. Los Martino son una familia bohemia y viajera. Así que lo que para algunos podía sonar a locura, para este clan sureño era lo más natural del mundo.

¿Amores? Bien, gracias. Ese no fue un impedimento. Ni siquiera existía la contrariedad de dejar a las novias. Los muchachos estaban, y están, solteros. Se
distanciaron de sus parejas hace un tiempo, pero “somos libres y abierto a relaciones”, se ufanan a coro. Atención mujeres del mundo, argentinos al acecho.


Crédito: Lucas y Federico Martino

El primer tramo de la aventura vinculó El Bolsón con Mendoza. “Arrancamos en febrero de 2016 por la ruta 40. Nos fuimos a nuestra provincia para visitar familiares y amigos. Luego seguimos a Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos con vistas a llegar a Uruguay”, enumera Lucas. Ya en tierra oriental, los hermanos Martino tomaron por la costa hasta llegar a Chuy, en la frontera con Brasil. No se alejaron del mar y serpentearon las playas ofreciendo sus manjares. En Curitiba, gracias a una buena jugada del azar, pudieron participar de la South Beer Cup, una gran fiesta de cerveza internacional que se hace en diversos países. Y, en otra magistral maniobra del buen destino, se dieron el gusto de asistir a las Olimpiadas en Río de Janeiro.


Crédito: Lucas y Federico Martino

“Como nos tomó diez meses armar la motorhome, fuimos organizando el viaje en detalle y hasta tuvimos tiempo de soñar qué lugares y que acontecimientos visitar”, dice un eufórico Lucas. Soñar. Esa parece ser la palabra clave. La llave mágica que impulsa a estos hermanos a los que nada los detiene ni acobarda. Soñar. E ir en busca de esos anhelos.

“Llegamos hasta el Amazonas. Para pasar de Belén a Manaos, subimos nuestro bus a una balsa que lleva cargamento y camiones. Durante 8 días hicimos la cerveza adentro del vehículo, con recursos limitados, así que solo produjimos diez litros”, explica Federico.

De Manaos a Venezuela. Y luego a Colombia. Otra vez una balsa para pasar a Panamá. Y de allí a México para comenzar a descender la ruta hacia el sur. En el país azteca: Yucatán, Riviera Maya, y Belice fueron los puntos destacados del tour. Luego siguió Guatemala y Honduras.

En una travesía de este tipo, son inevitables los contratiempos. Algunas gripes y “fiebres raras” fueron combatidas con medicina natural. Los yuyitos fueron una gran solución para no contaminar demasiado los cuerpos. Los hermanos también debieron sortear algún accidente en las rutas, pero un Dios aparte hizo que nada grave les sucediese a ellos y pudiesen reparar su vehículo embestido por un camión en Salvador de Bahía. “Se nos rompió el bus y ninguna cerveza. Fue obra de un ángel, seguro”, especulan ante el accidente que podría haber sido realmente grave.

Duchas en estaciones de servicio, medicina en base a té verde y muchas ganas de sociabilizar. Este tipo de aventuras no es para cualquiera. No lo es para los que se sublevan ante los fríos extremos de las noches en la Ruta 40 ni para los que le rinden pleitesía a los calores sofocantes de América Central. Pasaron por todo eso y más. Pero nada los detuvo. Los Martino quieren conocer el mundo. Y vivir el Mundial.

“La gente nos compra porque les interesa el proyecto. Muchos quieren concretar el sueño de viajar, pero no se animan o no pueden. Por eso, ayudándonos, sienten que cumplen su propio anhelo. Además, la cerveza sale muy buena. Es raro que los clientes se sienten en nuestro barcito y pidan una sola. Una vez que prueban, desean más”, confirma orgulloso Federico. Todo bien, pero corría abril y aún faltaban los recursos para cumplir el objetivo primordial: presenciar el inminente Mundial de fútbol.

Messi, ¡allá vamos!
6529 kilómetros separan a El Bolsón de Honduras. Demasiada distancia transcurrida para emprender el retorno. Por otra parte, claudicar no es un verbo que manejen estos audaces hermanos mendocinos. El tiempo les jugaba en contra. Y le puntapié inicial que darán Rusia y Arabia Saudita estaba cada vez más cerca. 14 de junio es una fecha que los Martino tienen agendada desde hace mucho tiempo. Compromiso ineludible. Sobre la base de la montaña Picacho, la suerte de los hermanos volvió a demostrarles que lo que se desea bien fuerte, se cumple.

“En Honduras, en una cocción de cerveza, dentro de un evento en un hostel, se acercó el dueño de un restaurante interesado en nuestra historia. Nos contó que quería montar una cervecería. Así que le propusimos armarle una de bajo presupuesto, pero con buena producción. A cambio, él nos daría los pasajes para ir al Mundial de Rusia”, rememora Lucas.

Crédito: Lucas y Federico Martino
En dos semanas, el emprendimiento de este buen samaritano estaba listo. Los muchachos le enseñaron el abc de la venta para que el negocio funcione sobre ruedas. Pasajes en mano, los Martino regresaron a México. Se quedaron en el Distrito Federal hasta el 31 de mayo, día en el que se despidieron de la motorhome, a esta altura un integrante más de la familia. El vehículo quedó a resguardo esperando el regreso de sus constructores. Allí, bajo el smog del DF esperando cabizbajo como una mascota que aguarda por sus dueños. En el aeropuerto Benito Juárez, los Martino le dijeron “hasta pronto” al continente americano, luego de meses de travesía, contratiempos y sueños profundos.

Hola, Rusia
Con un equipo más pequeño, los hermanos llegaron a Moscú el pasado 1° de junio. Con este bagaje van a producir la cerveza que venderán para poder subsistir mientras asisten a los partidos del Mundial y alientan a la Selección Nacional. Ya tienen la bandera. La celeste y blanca que llevan a cuestas junto con una profunda emoción.

Federico explica que “desde el primer día escribimos todo lo que nos pasaba, para no olvidarnos y trasladarlo a papel. La idea es concluir un libro cuando termine el Mundial”. Buscavidas como pocos, los pibes de El Bolsón lanzaron una plataforma digital para juntar recursos. “La gente puede comprar este libro por adelantado. Se lo vamos a entregar en pdf cuando termine el Mundial”, confirman.

Moscú los recibió con los brazos abiertos y rápidamente se encontraron con compatriotas que arribaron al gigante país para seguir de cerca a la Selección. Tienen pensado acercarse a la concentración del equipo argentino para vender allí sus productos. Y este jueves 7 de junio, reunieron a varios argentinos para degustar su cerveza con empanadas y seguir juntando el dinero que les permita ver los partidos, sobrevivir en la exótica tierra y luego continuar viaje. El Mundial es solo una escala. Una meta intermedia ya concretada.

Crédito: Lucas y Federico Martino
“Hemos avanzado y aprendido mucho. Pero nos gustaría hacer algo más puntual. Al viajar vivimos con lo justo y con lo que la gente nos ayuda. No podemos ahorrar. El sueño es poner una cervecería en la Patagonia argentina. Después del Mundial pensamos ir a trabajar a Australia para juntar dinero y poder montar la cervecería. Pero estamos abiertos a todas las opciones”, dice Lucas dejando la puerta abierta a lo que surja. En Brasil dictaron un workshop y no son pocos los que se acercan para pedirles sugerencias y consejos.

Cuando finalice el Mundial, la travesía continuará. Un viaje en torno a un sueño concretado. Los Martino demostraron que querer es poder y que bajar los brazos es la mejor manera para abrir la puerta de la infelicidad. Ellos hicieron todo lo contrario. A puro instinto, deseo y voluntad. “La cerveza es una forma de ingreso para viajar, pero fue tomando más importancia a medida que transcurrieron las semanas. La cerveza nos guió el viaje, le debemos todo”.

Los pibes salieron sin dinero de la Patagonia. Y eso no fue un impedimento. La motorhome los espera en México. El fiel vehículo volverá a ponerse en marcha cuando decidan desandar el camino que los devolverá a El Bolsón. Crecidos. Maduros. Y con ganas de más. Una lección casi deportiva. A tono con la euforia futbolera que se empodera del mundo por estas horas.

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