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Escritora - 16 -

10-10-2009

Una esbelta figura femenina, se alzaba en la orilla de la playa, sus cabellos largos y oscuros, se ondulaban a merced del viento, su delicado rostro, estaba sumido en la más absoluta incertidumbre, como si todo aquello en lo que creyera hubiera desaparecido, como si lo que le acababan de decir, la hubieran trastornado por completo. No llevaba puesto mas que un fino vestido blanco que le llegaba hasta las rodillas y un pañuelo que le cubría los hombros y ondeaba con la brisa marina. Su mirada, la mirada de aquellos grandes ojos verdes, se perdía en el horizonte, buscando la luna que aquella noche, oculta tras las nubes no saldría a su encuentro. En su mano izquierda, tenía un pequeño colgante de plata, lo aferraba como si aquello la mantuviera con vida.

En la cabeza de Alma, solo aparecía una pregunta, ¿Por qué no puedo llorar?

Una ola mojó sus pies, pero, no se inmutó lo más mínimo, la noticia que anunciaba la muerte de su madre, no era fácil de asimilar.

Pasaron horas, estaba cansada aunque no quisiera admitirlo, tenía el cuerpo dolorido, cuando ya no pudo más, se sentó en la arena, rodeó sus piernas con los brazos y apoyó la barbilla sobre sus rodillas.

Alma, se sentía cansada, más de lo que nunca hubiera imaginado estar. Se le resecaban los ojos, y quería, necesitaba llorar, pero no era capaz, y cuanto más lo intentaba, mayor era su pesar, ¿qué chica a la que le hubieran dado una noticia como aquella, sería incapaz de llorar? ¿Acaso no tenía corazón? Ella quería a su madre con locura, era no solo su madre, sino también su mejor amiga, ¿cómo podía ser que con aquella tragedia no fuese capaz de llorar?

No muy lejos de ella, una sombra la observaba.

Nicolás, un chico, de ojos claros, pelo liso y rubio, alto y delgado, aun con cara de niño, era el mejor amigo de Alma. Era un chico muy tímido y observador, al que envolvía un aura de misterio, que lo hacía interesante y a la vez intimidante. Su infancia, estaba marcada por una gran tragedia, sus padre habían muerto en un incendio cuando el tan solo tenía tres años, y había ido a vivir a casa de sus abuelos, un chalet cerca de la playa en el que se había criado. Al cumplir trece años, empezó a trabajar cuidando el jardín de Alma, después del colegio, los fines de semana y en vacaciones y poco a poco, se habían hecho grandes amigos.

Ahora, tres años más tarde, tenía que ayudar a su amiga, pues su vida, ya nunca volvería a ser la misma.

Se acercó caminando hacia ella, mientras intentaba descifrar lo que sentía a través de su expresión. Cuando llego a su lado, inspiró y se dejó caer junto a ella, expulsando el aire al sentarse. Ella no se movió ni un ápice, lo cual era extraño, pues Alma siempre le saludaba con una de sus enormes sonrisas.

-         Se que no es una pregunta muy elocuente, pero, ¿Qué tal estas? Pareces preocupada...

Ella, se limitó a cerrar los ojos y girar la cabeza hacia él, cuando los abrió de nuevo, Nick se dio cuenta de que los tenía muy rojos. Nick, sostuvo su mirada en silencio, intentando transmitirle todo el amor que sentía hacia ella.

Finalmente, ella habló en un susurro apenas audible.

-         No puedo. – Cerró los ojos de nuevo y volvió de nuevo la cara hacia el mar.

-         ¿No puedes? – Preguntó él sin entender.

-         No puedo, no puedo, no puedo, no puedo – Alma siguió susurrando y cerrando los ojos con fuerza cada vez que pronunciaba esas palabras.

Nick, no comprendí a que se refería, pero estaba preocupado por ella, no sabía cuando tiempo debía de llevar allí sola, cogiendo frío y torturándose.

-         Alma, ¿Cuánto tiempo llevas aquí?  Debes estar helada. – preguntó sin poder aguantar más los susurros de la chica.

Se encogió de hombros y siguió cerrando y abriendo los ojos. Nick, no sabía que hacer, si tocarla, hablarle, marcharse… Y entonces, se dio cuenta, de que tanto las mejillas como los ojos de Alma, estaban completamente secos y eso le dio la pista que necesitaba.

-         ¿No puedes llorar?, ¿es eso lo que susurrabas?

Ella, asintió débilmente y escondió la cara avergonzada. Nick, sabía muy bien lo que eso significaba, ella se sentía culpable, por no reaccionar como se esperaría, ante una noticia como aquella.

-         Oh, vamos, tranquila, no te preocupes por eso, cada persona reacciona diferente. Eso seguro que es por el estado de shock, conozco a personas, que les ha dado incluso por reir. No tienes por qué sentirte culpable, no es nada malo. Solo tienes que esperar, te aseguro que tarde o temprano, lloraras y será imposible pararte.

-         Pero, es que no puedo, no puedo…

Alma, estaba acostumbrada ya a que  Nick supiera lo que ella estaba pensando, era increíble la habilidad que tenía para saber lo que la gente pensaba o sentía, pero, con ella, era algo extremo, solían bromear con la incapacidad de Alma para gastarle una broma o guardarle un secreto sin que él se enterara.

Él le pasó un brazo sobre los hombros para que no cogiera frío e izo que ella, apoyara la cabeza sobre su pecho para tranquilizarla. Y empezó a tararear una melodía que sabía que a ella le encantaba.

Alma, fue relajando poco a poco, todos los músculos de su cuerpo y se sumergió en esa melodía que dulcemente, la fue tranquilizando hasta casi dormirla en los brazos de su amigo, y lentamente, las lágrimas brotaron de sus ojos, se deslizaron por sus mejillas y terminaron formando una pequeña mancha de humedad en la camiseta negra de Nick.

Se agradecen comentarios. =)

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