III
Omegabei alcanzó al primer guardia antes que pudiera dar la alarma. El tendido de alambre fino como una cuerda de piano pasó por encima del cuello del guardia, atravesó fácilmente su carne y segó su vida rápidamente. Una mirada de sorpresa quedó registrada en la cara del guardia mientras la Ninja le bajó lenta y sigilosamente al suelo. La tranquilidad del pequeño jardín apenas había sido alterada.
La muchacha retiró el alambre del cuello del hombre y lo guardó debajo de su fajín. No prestó ninguna atención al guardia muerto. Era parte del pasado, nunca jamás debía ser considerada. Su atención debía dirigirse hacia el siguiente obstáculo.
El segundo Guardia estaba más atento. Estaba situado cerca del puente que cruzaba el estanque, su cabeza moviéndose de lado y lado a medida que escudriñaba todo el jardín, mientras con su mano derecha sobaba lentamente una subametralladora HK, calibre 9mm. Era un hombre de espaldas anchas y fuertes, va a ser un oponente formidable pensó la muchacha, uno que no podría vencer en combate libre. La astucia y no la fuerza sería necesaria para vencer a este hombre.
Se escondió detrás de unos cipreses. Podía acercarse solamente a diez metros del guardia, El estanque prevenía que la ninja pudiera rodearle y no podría acercarse de frente sin ser visto. Tendría que desviar su atención y luego cruzar esos diez metros antes que pudiera recuperarse el guardia.
Se arremolinó detrás del árbol, de su bolsa sacó dos estrellas de acero de ocho puntas, las llamadas Shuriken, las armas propias del ninja. Había que ser un experto tirador para saber usarlas de manera adecuada. Observó las piezas de metal y no pudo evitar recordar aquel día lejano, en un lugar también lejano, que iba a salir de fiesta y acarició una Shuriken, cuando su novio, su amado Pedro O., la encontró… “¿Que haces con eso?”... le preguntó. No había sabido que decir… sonrió esplendorosamente y posó pidiéndole una foto a su novio… Pedro apuntó la cámara y capturó la imagen de la muchacha, seria, sobria, con el Shuriken sobre el pecho vistiendo un traje masculino... Una de esas noches de rumba punk y baile pogo. Volvió a la realidad… sacó también una navaja del bolso y las empuñó recordando que aún tenía pendiente al guardia.
Colocó su navaja en los labios, un Shuriken en cada mano y envió la primera estrella silbando hasta el poste cercano al puente, justo a la derecha del guardia. Asustado, volteó hacia el sitio donde había impactado la pieza de acero, presentando la nuca descubierta hacia donde estaba Omegabei.
De inmediato salió disparado el segundo Shuriken directo hacia la parte posterior de la cabeza del hombre, logrando su objetivo… la parte blanda del cuello en la base del cráneo del guardia.
Omegabei empezó a correr al momento que la segunda estrella puntiaguda cruzada cortando el aire, su navaja ya agarrada fuertemente en la mano. Sabía que el Shuriken no lo iba a matar… el choque inicial lo aturdiría pero pasaría rápidamente y el guardia podría recuperarse de inmediato para pedir auxilio, ella debía detenerlo silenciosa y de prisa… ese grito no debía salir de su garganta.
La muchacha corrió rápidamente e impactó al hombre trancando la subametralladora con su cuerpo. Con la mano izquierda cerró la boca y la derecha la hundió rápido, veloz y en silencio justo en la garganta del hombre quien sólo atinó a abrir los ojos de manera desorbitante. El cuerpo del guardia se estremecía violentamente a medida que la vida escapaba de su cuerpo. Ahora la muchacha estaba encima de la espalda del hombre, quién se sacudía cada vez más lento, su fuerza disminuía y al final sólo salió de su cuerpo el último hálito grave y suave de la muerte.
Omegabei se separó del cuerpo y se percató que tenía varias heridas en el cuerpo, producto del mismo Shuriken que tenía clavado en el cuerpo el guardia y habían provocado varios cortes en el cuerpo de la joven mujer.
Lavó sus heridas en el agua fresca del estanque y aplicó unas hierbas curativas que llevaba consigo antes de vestirse nuevamente. En ese momento deseó que su misión hubiera terminado, pensó en dejar la misión tal como estaba pero había dado juramento de cumplirla y había cobrado una pequeña fortuna por ello, aunque el dinero no era realmente lo importante para ella.
Cruzó corriendo el puente y lo que le quedaba del jardín, todo de manera muy veloz, pues le era conocido el terreno. Le habían informado muy bien de la disposición de la casa. No sería difícil encontrar la habitación principal de la Doctora. Le habían informado muy bien de la ubicación por parte del hombre de seguridad que la había contratado.